Emociones-decisiones

Suponemos que en la toma de decisiones usamos nuestro Libre Albedrío, pero la propia existencia del Libre Albedrío ha sido un punto de controversia filosófica, un problema aparentemente irresoluble que no voy a cometer la osadía de intentar elucidar. La existencia o no del Libre Albedrío ha despertado gran cantidad de polémicas, porque es fundamental para la justificación de las doctrinas cristianas, ya que, sin él, el concepto de una deidad justa que castiga a los que se lo merecen se tambalea.

José Ferrater Mora, en la entrada Albedrío de su “Diccionario de Filosofía”, describe a la perfección la cuestión que pretendo tratar. Literalmente dice: “Significa entonces la pura y simple posibilidad de obrar o no obrar, o de obrar en un sentido más bien que en otro”

Memoria, emociones y recuerdos

En mi artículo Ordenador vs cerebro escribí que las emociones son una parte fundamental de la memoria, porque cada recuerdo se guarda con un peso emocional, y también hice referencia a que las emociones son imprescindibles para la toma de decisiones. Intentaré desarrollar esta segunda afirmación siguiendo las aportaciones de Antonio Damasio (1), en “El error de Descartes”, a partir del Capitulo 3 (“Un Phineas Gage Moderno” pg. 54), en el que expone el caso de un paciente al que llama Elliot y que estaba aquejado de un tumor (meningioma) alojado en el área media, “exactamente sobre las cavidades nasales, por encima del plano formado por el techo de las cuencas de los ojos”.

El tumor fue extirpado y “La operación quirúrgica fue un éxito en todos los aspectos …” pero la vida de Elliot se había convertido en un desastre, sus decisiones eran calamitosas y era incapaz de llevar a cabo cualquier plan que se hubiera trazado, se dispersaba en actividades nimias que realizaba de forma exhaustiva. Los exámenes psicológicos no mostraban que Elliot tuviera ningún problema, más bien sus resultados mostraban aptitudes y capacidades superiores a la media, aunque estaba claro que había algún problema. En este punto fue cuando llegó a manos de Damasio.

“Había sido evaluado previamente en otra institución donde la opinión había sido que no había evidencia de «síndrome cerebral orgánico». En otras palabras, no mostraba síntomas de deterioro cuando le hacían las pruebas de inteligencia normalizadas. Su coeficiente de inteligencia se encontraba en el rango superior, y su situación en la escala de Wechsler de Inteligencia de Adultos no indicaba anormalidad. […] ¿Es concebible que alguien tan incapacitado como Elliot realizara bien las pruebas psicológicas? Sí, efectivamente pacientes con anomalías notables de comportamiento social pueden responder normalmente a muchas e incluso la mayoría de pruebas de inteligencia, y médicos clínicos e investigadores han pugnado durante décadas con esta realidad frustrante.”

Antonio Damasio, “El error de Descartes” – pags. 61-62

En las primeras entrevistas que mantuvieron, Damasio se percató de que “Elliot podía explicar la tragedia de su vida con un desapego que estaba en desacuerdo con la magnitud de los acontecimientos” y a partir de esta observación empezó a plantearse si el control de las emociones que parecía poseer no se correspondía con una característica de su personalidad, previa a la enfermedad, sino que era un síntoma de los desajustes que se observaban en su capacidad para la toma de decisiones. Empezó a plantearse si la reducción de la emoción y sentimiento que observaba podía explicar los problemas que mostraba en la toma de decisiones.

Dilemas éticos y convenciones sociales

Antes de considerar seriamente la hipótesis de que las emociones formaban parte fundamental del mecanismo de toma de decisiones, Damasio tenía que descartar cualquier explicación que pudiera haberse pasado por alto, por lo que preparo una batería de pruebas en la que colaboró Paul Eslinger (2), por entonces su discípulo, y en ella le platearon a Elliot una serie de problemas con dilemas éticos y cuestiones financieras, a las que respondió en sintonía con lo que hubiéramos hecho cualquiera de nosotros, demostrando que era perfectamente consciente de cómo se aplicaban las convenciones sociales a los problemas y que comprendía bien lo problemas financieros y sus soluciones razonables.

Una vez pasadas las primeras pruebas, pidieron la colaboración de Jeffrey Saver (3) que realizó las siguientes:

  • La primera ” … medir la capacidad de planear soluciones alternativas a problemas sociales hipotéticos … Elliot no exhibió ningún déficit en la ejecución en relación a la de un grupo de control.” pg. 68-69
  • La segunda “… realizar un muestreo de la inclinación espontánea de un sujeto a considerar las consecuencias de acciones … Elliot fue incluso superior a la del grupo de control.” pg. 69
  • La tercera “Solución de problemas con Medios y Fines, se refiere a la capacidad de conceptualizar los medios eficaces de conseguir un fin social. … Elliot obtuvo unos resultados impecables.” pg. 69
  • La cuarta ” … la capacidad de predecir consecuencias sociales de acontecimientos sociales de acontecimientos. … Elliot no fue diferente de los sujetos normales de control.” pg. 70
  • La quinta “Entrevista de Criterio Moral de Resultado Normalizado … concernía al estadio de desarrollo del razonamiento moral. … Elliot alcanzó una puntuación global de 4/5, lo que indicaba un modo de pensamiento moral convencional tardío y posconvencional temprano. Este es un excelente resultado.” pg. 70

En resumen, Elliot seguía mostrando unas puntuaciones superiores a la media, una perfecta comprensión del mundo y de las convenciones sociales, pero su capacidad para tomar decisiones seguía siendo deficiente. El propio Elliot era consciente de esta incapacidad:

“Al final de una sesión, después de haber producido una abundante cantidad de opciones para la acción, todas las cuales eran válidas y realizables. Elliot sonrió, aparentemente satisfecho con su rica imaginación, pero añadió: «Y después de todo eso, ¡yo seguiría sin saber qué hacer».”

Antonio Damasio, “El error de Descartes” – pag. 71

El resultado de estas pruebas dejo claro que no habían pasado nada por alto, que no parecía existir ningún déficit, aparte de la observada frialdad emocional. Por lo tanto, no quedaba otra que entrar por el camino de investigar otros casos similares para comprobar si realmente la lesión en su cerebro era la causante. Estudiaron doce casos con la misma lesión prefrontal y en todos ellos observaron “… una combinación de defectos en la toma de decisiones, y emociones y sentimientos planos.”

La conclusión, que ya se habrá vuelto evidente para quien haya tenido la paciencia de leer hasta aquí, es que las emociones forman parte fundamental de nuestro mecanismo de toma de decisiones, como formaban parte fundamental de nuestros recuerdos y la capacidad de conservarlos. Damasio resume en cuatro puntos sus conclusiones (pg. 102)

  1. Los sistemas estudiados están implicados en los procesos de razonamiento y son participes de la planificación y la decisión.
  2. Existe una clara indicación de que estos sistemas están relacionados con lo que conocemos como racionalidad.
  3. Los sistemas indicados desempeñan un importante papel en el procesamiento de las emociones.
  4. Estos sistemas son precisos para mantener en la mente durante un periodo de tiempo la imagen de un objeto relevante cuando no está presente.

Para terminar me gustaría destacar que el “problema de la decisión” es mucho más amplio, complejo y tiene muchos más aspectos que me gustaría tratar, pero para ello habrá tiempo en futuros artículos. En cuanto al contexto en el que se enmarca este sistema, en el artículo ¿Quién está a los mandos? se trata de la descentralización del sistema nervioso, que es el entorno en el que trabajan estos mecanismos de decisión que someramente hemos visto, así como los de la memoria que pudimos ver en Ordenador vs cerebro.


  1. Antonio C. Rosa Damasio es un neurólogo doctorado en la Universidad de Lisboa. Profesor de la cátedra David Dornsife de Psicología, Neurociencia y Neurología en la Universidad del Sur de California, donde dirige el Instituto para el Estudio Neurológico de la Emoción y de la Creatividad.
  2. Paul Eslinger es un neurólogo doctorado en la Universidad de Cincinnati, actualmente Investigador y profesor del Departamento de Ciencias de la Salud Pública, de Pediatría, de Ciencias Neural y del Comportamiento, de Radiología, de Medicina y Director de Neuropsicología y Neurociencia Cognitiva en la Universidad Estatal de Pensilvania.
  3. Jeffrey Lawrence Save es un neurólogo doctorado en Harvard, actualmente Profesor de Neurología de la Universidad de California y Director del Centro de Investigación de Neuroterapia Clínica de UCLA.

Nos gustaría saber tu opinión sobre este artículo.