¿Sabías que los gabinetes de curiosidades fueron el origen de los museos que conocemos hoy? Al principio se trataba de un mueble donde se exponían objetos, pero con el tiempo y el aumento de las colecciones se convirtieron en habitaciones enteras repletas de todo tipo de cosas raras y curiosas.
La moda del coleccionismo
La afición por coleccionar objetos es una práctica que, en mayor o menor medida, todos hemos tenido en algún momento de nuestra vida. Se han encontrado pruebas de coleccionismo en la Grecia clásica y en la Antigua Roma. También hay constancia de colecciones de objetos de arte en China, que se remontan al siglo III A. C.
Se podría decir que la moda de coleccionar objetos que se consideraban extraordinarios se inició en Centroeuropa alrededor del siglo XV. Los nobles y ciudadanos adinerados comenzaron a coleccionar objetos raros, exóticos y valiosos procedentes de todos los rincones del mundo conocido. Estos artículos eran exhibidos en lo que se llamó Gabinete de curiosidades (Cuartos de maravillas, Cabinets de Curiosités, Wunderkammern o Kunstkammer).
¿Cuál fue el origen de los gabinetes de curiosidades?
Estas colecciones privadas comenzaron a mostrarse en un mueble diseñado específicamente para albergar los objetos. Pero a medida que la colección aumentaba comenzó a extenderse por una o varias estancias de la casa.



El objetivo de estos gabinetes de curiosidades era reunir y difundir el conocimiento acumulado hasta el momento, además de representar una muestra del poder y prestigio social de su propietario. En cualquier caso, sentaron las bases de los museos tal y como los conocemos hoy, especialmente los museos de historia natural.
La mayoría de los artículos de las colecciones eran proporcionados por viajeros, exploradores y científicos, que los conseguían en sus viajes por el mundo. El surtido era de lo más variopinto, e incluso extravagante: cuernos de unicornio, sangre de dragón, fósiles, conchas marinas, animales desconocidos en Europa, … además de joyas, libros y obras de arte.
Las colecciones solían distribuirse en cuatro categorías:
- Naturalia (objetos naturales, de tipo animal, mineral o vegetal);
- Artificialia (artefactos creados o adaptados por el ser humano, así como obras de arte y antigüedades);
- Exótica (especímenes exóticos, tanto de origen animal, mineral o vegetal);
- Scientifica (instrumentos científicos, dispositivos ópticos, autómatas, …)
Estos gabinetes de curiosidades, en algunos casos llamados ‘salas de rarezas’, estuvieron muy extendidos en Europa desde el siglo XV hasta el XVIII. Se convirtieron en un símbolo de estatus, por lo que había cierta rivalidad entre los ricos y poderosos por albergar la colección más numerosa y llamativa.
¿Qué se podía ver en un gabinete de curiosidades?
El surtido de las colecciones de los gabinetes de curiosidades era de lo más variado, rozando lo extravagante en la mayoría de los casos. Los artículos expuestos eran fundamentalmente un reflejo del gusto particular de su propietario por una temática concreta. Algunos se centraban en obras de arte (pinturas, esculturas, joyas), mientras que otros se decantaban por objetos más raros o curiosos.
[…] Acogen a toda la jerarquía de los seres sin distinción, desde el hombre hasta los objetos de arte, pasando por los productos de la naturaleza, aunque siempre partiendo de un principio de «excepcionalidad»: muestras de antropología anómala, accidentes de la naturaleza, formas fantásticas, vestigios originales de la historia, sucesos insólitos o personajes extraordinarios son el repertorio de estos gabinetes.
Término: Gabinete de curiosidades Fuente: tesauros.mecd.es

Fuente: Wikimedia Commons bajo licencia CC BY-SA 4.0
Era frecuente encontrar algún cuerno de unicornio, que resultaba ser el colmillo de un narval. También podía formar parte de la muestra algún ejemplar de Jenny Haniver, que en realidad era el cuerpo modificado y disecado de una raya, que se pretendía hacer pasar por el cuerpo momificado de un dragón, un diablo, un ángel o incluso una sirena.
Las muestras de especímenes animales, incluso de seres humanos, conservados en frascos también eran algunos de los artículos que se coleccionaban. Estos frascos solían contener animales poco comunes; embriones de cualquier especie en distintas fases de desarrollo; seres con malformaciones; todos ellos sumergidos en alcohol o formol para su preservación. Cada uno de esos frascos tenían su etiqueta identificativa para mostrar lo que ahora denominamos ‘trazabilidad’. Posiblemente el objetivo de estas muestras fuera el estudio científico, pero no hay duda de que también servían para alimentar la curiosidad y el morbo de quienes las veían.
Gabinetes de curiosidades famosos
Entre los coleccionistas más destacados de gabinetes de curiosidades en Europa estaban el jesuita Athanasius Kircher, uno de los científicos más importantes del siglo XVII, precursor de las colecciones científicas; el archiduque Fernando II de Austria, cuyo gabinete en el palacio de Ambras fue uno de los más famosos y completos de su época; o Pedro I el Grande, zar de Rusia, creador del Kunstkamer, que se convirtió en el primer museo público de Rusia.
Uno de los gabinetes de curiosidades más famosos del siglo XVII fue el de Ole Worm, un médico, naturalista y anticuario danés. Gracias a su buena posición económica, consiguió reunir una gran colección, que abarcaba desde animales disecados y esqueletos humanos, rocas y minerales, joyas, herramientas e instrumentos científicos romanos, hasta antiguos textos rúnicos y objetos traídos del Nuevo Mundo. Worm llegó incluso a tener como mascota un alca gigante, un ave marina extinta desde 1852. Cuando murió el animal, pasó a formar parte de la colección de animales disecados, pero posiblemente la aportación más valiosa fue una ilustración realizada del animal cuando aún estaba vivo, ya que el resto de las imágenes que se conservan de esa ave se basan en ejemplares muertos o en antiguos relatos de marineros. El Museo de Historia Natural de Dinamarca tuvo su origen en la colección reunida por Ole Worm.

La única ilustración conocida de un alca gigante dibujada del natural, la mascota de Ole Worm recibida desde las islas Feroe, que fue reproducida en su libro Museum Wormianum.
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En España también hubo interés por los gabinetes de curiosidades. Tenemos un ejemplo en el Museo Nacional de Ciencias Naturales ubicado en Madrid, que tuvo su origen en dos colecciones. La primera fue la Real Casa de la Geografía y Gabinete de Historia Natural, fundada por iniciativa de Antonio de Ulloa en 1752, durante el reinado de Fernando VI. Años más tarde, durante el reinado de Carlos III, se fundó el Real Gabinete de Historia Natural de España, con la colección de Pedro Franco Dávila, a la que posteriormente se incorporaron los fondos de la Real Casa de la Geografía. En 1776, el Real Gabinete de Historia Natural de España abrió al público, permitiendo que cualquier persona pudiera visitar sus colecciones.
En resumen, los gabinetes de curiosidades no eran solo colecciones de cosas raras, sino también una muestra de la curiosidad y el asombro que siempre hemos sentido por todo lo que nos rodea. Esas colecciones fueron el origen de los museos actuales, que siguen despertando nuestro interés por el pasado, además de por lo extraño y lo misterioso.

