Imagen y semejanza antropocentrismo creacion

La definición de antropocentrismo, según la primera acepción del diccionario de la Real Academia Española, es la atribución al hombre de cualidades que pueden ser comunes a otras especies. En su segunda acepción hace referencia a la definición en términos filosóficos: Teoría que afirma que el hombre es el centro del universo.

Antropocentrismo: el ser humano como centro del universo

Hace muchos años se extendió por el occidente europeo una religión entrelazada con el poder, que consideraba a los seres humanos diferentes del resto de los animales, ya que dicen que hubo un creador. Y dicen que dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y varón y hembra los creó y les dio un mandato: señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (1). Existía por lo tanto una diferencia fundamental, una diferencia de calidad entre el ser humano y los animales. El Renacimiento comenzó un camino que, pasando por la Reforma Protestante, culminó (en los países más alejados de la influencia del papado) en el desarrollo de las doctrinas Humanistas y el nacimiento de la Ciencia tal como la conocemos hoy en día.

Como bien decía Karl Popper: “La ciencia, podríamos decir tentativamente, comienza con teorías, prejuicios, supersticiones y mitos. O, más bien, comienza cuando el mito es objeto de desafío y se quiebra, esto es, cuando algunas de nuestras expectativas se ven frustradas” (2).

El ser humano [no] es la medida de todas las cosas

Hoy en día, una vez que la ciencia ha superado el mito original, seguimos conservando profundamente asentada en nuestras convicciones la idea de que existe una diferencia de calidad, un salto abismal, entre el resto de los animales y nosotros. Algunos autores, como Jared Diamond (3), tratan el tema tomando como referencia a los chimpancés, pero nadie lo hace con tanta maestría como el primatólogo Frans de Waal (4), que utilizaré como guía para seguir este desarrollo.

Imagen y semejanza antropocentrismo chimpancé

Sabemos que hace unos ocho millones de años, nuestro genero (homo) comenzó a divergir del de los chimpancés en África. Hay varios candidatos para ser el primero, pero todos ellos poseían una capacidad craneal similar a la del chimpancé.A lo largo de estos millones de años, la capacidad craneal de los homínidos ha ido creciendo hasta alcanzar la gran encefalización que tenemos hoy en día.

Pues bien, aquí está la primera cuestión importante: es completamente absurdo considerar que las capacidades intelectuales humanas surgieron de forma inmediata en un punto concreto de nuestra evolución; lo esperable es un desarrollo progresivo de dichas capacidades (5).

Si aceptamos, como parece evidente, que el desarrollo intelectual ha sido progresivo y sabemos que los chimpancés poseen un cerebro parecido al que los homínidos teníamos cuando se produjo la separación de nuestras ramas, entonces deberíamos observar el comportamiento de los chimpancés para intentar hacernos una idea de nuestro punto de origen.

Lo primero que se adujo para diferenciarnos de los primates fue la existencia de una cultura humana; pero este punto no tardó mucho en caer. Se descubrió que otros animales también tenían comportamientos que podían ser considerados culturales ya que eran propios de cada grupo. De algunos se llegó a conocer cuándo empezaron, se heredaban de una generación a otra por imitación y se observaron distintos comportamientos culturales en diferentes grupos.

Antropocentrismo: el mito se desmorona

Como dice Frans de Wall: “Los antropólogos levantaron un muro de profunda hostilidad. Una línea de defensa contra esta idea ofensiva iba a centrarse en el mecanismo de aprendizaje. El razonamiento era que, si podía demostrarse que la cultura humana depende de mecanismos diferentes, entonces podría afirmarse que era un fenómeno exclusivamente humano. La imitación se convirtió en el santo grial de esta cruzada. […] A este fin, la vieja definición de la imitación como «la realización de un acto a partir de verlo realizado» tenía que cambiarse por algo más restringido, más avanzado. Se introdujo una nueva categoría, la «imitación genuina» que requiere que un individuo copie intencionadamente una técnica específica de otro con un objetivo específico …” (6). Este mito también cayó.

«Entre los antropoides no es inusual ocuparse de un compañero herido, esperar al que se queda atrás, limpiar las heridas de otro o proporcionar fruta a los miembros más viejos de la comunidad que ya no pueden trepar.»
Frans de Waal “El mono que llevamos dentro” (pag. 39)

En una serie de experimentos llevados a cabo por Victoria Holmes y Andrew Whiten, primatólogos de la Universidad de St. Andrews, demostraron que los chimpancés jóvenes eran más inteligentes que los niños. Mientras que los niños imitaban todos los movimientos que habían observado, los chimpancés eran capaces de abstraer sólo los movimientos necesarios para obtener el fin y descartaban los innecesarios. En palabras de Frans de Wall: “Los psicólogos se afanaron en producir un nuevo relato en el que la «sobreimitación» (un nuevo término para la imitación indiscriminada de los niños) en realidad es un gran logro. Encaja con la fe de nuestra especie en la cultura, porque nos hace imitar el comportamiento con independencia de su utilidad.” (6)

En definitiva, lo que antecede es la crónica de la resistencia que ofrecemos a ser destronados como los reyes de la creación -exista o no la creación- y la aversión que tenemos a ser, sencillamente, un animal más con unas capacidades intelectuales extraordinarias (comparativamente hablando). Somos un simple producto de una evolución, sin otro rumbo que la adaptación a las condiciones cambiantes, con el prosaico impulso de sobrevivir.


Notas:

1.- Biblia Reina-Varela 1960 Libro primero de Moisés Génesis. Esta idea de la creación de los seres humanos es compartida por las tres religiones Judaísmo, Cristianismo e Islam. Los cinco primeros libros de la biblia (Pentateuco) forman el núcleo fundamental (que no único) de lo que los judíos conocen como la Torá (la Ley). Los musulmanes, por su parte, comparten el relato fundamental, aunque rechazan el Antiguo Testamento por considerar que ha sido modificado hasta falsificar su contenido original por los judíos.

2.- Karl Popper: “El mito del marco común. En defensa de la ciencia y la racionalidad: Ciencia: problemas, objetivos, responsabilidades” (versión revisada de la conferencia en la Federación de sociedades americanas de biología experimental 17-04-1963) pag. 124.

3.- Jared Diamond. Fisiólogo evolutivo y biogeógrafo que, en “El tercer chimpancé. Origen y futuro del animal humano”, trata al ser humano como la tercera especie de chimpancé sobre la tierra, tal como le parecería a un extraterrestre libre de nuestros prejuicios.

4.- Doctor por la Universidad de Utrecht. Profesor de la Universidad de Emory en Atlanta y Director del Yerkes Primate Center de Estado Unidos. Miembro de la Academia Americana de Ciencias. Sus libros son muy recomendables, por rigurosos y amenos, plagados de descripciones de experimentos y observaciones y, sobre todo, de anécdotas en primera persona. Algunos de sus libros, traducidos al español, son: “El mono que llevamos dentro”, “La edad de la empatía”, “Primates y filósofos” y “¿Tenemos suficiente inteligencia para entender la inteligencia de los animales?“.

5.- Esto es una simplificación exagerada en la que sacrifico la exactitud en favor de la facilidad de lectura. Lo realmente esperable es que en virtud de la acumulación progresiva en cantidad y densidad del córtex, fueran surgiendo comportamientos emergentes (nunca antes observados) a partir de determinados umbrales de complejidad; esto sería coherente con lo que conocemos sobre el funcionamiento de Sistemas Complejos y con lo observado sobre el tamaño de nuestro cerebro cuya funcionalidad se mantiene, sin que se aprecien diferencias significativas, en volúmenes que oscilan entre los 1.000 y los 1.500 cc. Lógicamente no conocemos cuales fueron los puntos críticos del paso de estos umbrales por cuestiones evidentes ya que sólo podemos observar en funcionamiento una muestra del cerebro del chimpancé (suponemos que similar a la de nuestro antepasado de hace ocho millones de años) y otra del humano moderno. Ante esta imposibilidad, y conocido el mecanismo de paso de umbrales, podemos suponer que el resultado en la línea de tiempo es equivalente a difuminar los pasos de umbrales (ya que debieron ser muchos) y considerar que la adquisición de comportamientos fue lineal.

6.- Frans de Waal ¿Tenemos suficiente inteligencia para entender la inteligencia de los animales? pg. 177-179

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